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¿Cambiará la tecnología la educación? Steve Jobs dijo “no”

Voy a contaros una historia. En los años ochenta un niño de catorce años recibió como regalo de sus padres un ordenador. Durante los siguientes 28 años dicho niño fue creciendo y utilizando ese y otros ordenadores en diversos aspectos de su vida relacionados con el ocio, el estudio y el trabajo. Desde el principio descubrió las posibilidades creativas que podía tener dicho artefacto, y desde el principio vio que algunas de esas posibilidades, simplemente le venían grandes. Sin embargo, algunas de las posibilidades que ofrecía las intentó exprimir al máximo: primero con la maquetación de artículos para fanzines o la creación de carátulas para las maquetas de grupos de música de sus amigos; más tarde en la edición de video.

La tecnología informática no cambió la educación de ese niño ¿o sí lo hizo?

Recientemente he leído en la biografía de Walter Isaacson sobre Steve Jobs que éste consideraba que la tecnología no cambiaría la educación, pero que indudablemente los medios digitales producirían algún cambio sustancial en la concepción del libro de texto y por lo tanto en las empresas editoriales.

Llevamos ya algunos años de escuela 2.0, de netbooks, de pizarras digitales, de aulas de informática… y la sensación es que se han acelerado algunas de las acciones que se llevan a cabo en el aula o en la gestión educativa, pero ¿ha cambiado la enseñanza? ¿Hemos aprovechado estos recursos tecnológicos para realmente producir alguna variación en el paradigma educativo?

Jobs hablaba de incluir los libros de texto en el iPad de manera que los chicos no tuvieran que acarrear semejante cantidad de libros en sus mochilas. Pero esto no es realmente un cambio; sin lugar a dudas es una mejora, pero no un cambio. Lo primero que hice al tener mi iPad fue escanear los libros de texto que utilizaba e incluirlos en el mismo en una aplicación llamada Cloudreader.  Fue una mejoría, pero no veo un gran cambio en el modo de enseñar. La primera actividad que realicé en un experimento de Pizarra Digital, tenía más que ver con no mancharme las manos con la tiza que con la realización de un cambio en educación. La utilización de MP3 para las audiciones desde el ordenador en lugar de los CDs o las viejas cintas de cassette, de nuevo fue una mejora; punto.

¿Qué es el cambio en educación? ¿Qué necesitamos para cambiar el modelo? ¿Cómo pueden ayudar las tecnologías en el mismo? ¿Es necesario el cambio del modelo educativo?

Todas estas preguntas y unas cuantas más necesitan ser contestadas para poder enfocar correctamente nuestros esfuerzos en educación. Sobre todo los que somos docentes, necesitamos tener un camino claro en el que podamos distinguir los linderos del centro de la calzada y en el cual podamos acompañar a nuestros alumnos sin el riesgo de perdernos nosotros, y lo que sería peor, perderlos a ellos. También es cierto que contestar cada una de estas preguntas necesitaría probablemente de un libro y seguro que alguien docto en la materia lo habrá hecho ya. Yo, como profesional docente, tan solo puedo aspirar a intuir y a dudar, y a compartir mis dudas con aquél que le apetezca leer este texto.

¿Empezamos por el final? Sí, el cambio educativo es necesario. Lo intuimos la mayoría, no todos, los que trabajamos en la enseñanza; las demandas de la sociedad, receptora final del producto de nuestro trabajo, están cambiando; nuestros alumnos, cuando están en clase descansando por haber trabajado tanto en casa el día/noche anterior con sus ordenadores, también lo reclaman, a su manera claro. (“Todo ha cambiado con la Generación Y” de Jose Mª Bautista )

El cambio educativo es un proceso en el cual se va a pasar a ajustar los procesos que se llevan a cabo en los centros educativos de manera que se adapten mejor a las necesidades tanto de la sociedad como de los protagonistas: docentes y alumnos.

¿Qué es necesario para el cambio educativo? No me canso de repetir últimamente lo que dice Howard Gardner al respecto: 1) modelos a seguir; 2) equipos directivos y de titularidad comprometidos; 3) modelos de evaluación fiables; 4) compromiso político.

¿Cómo pueden las tecnologías ayudar al cambio en el paradigma educativo? Quizás de manera menos espectacular y menos esperada de lo que imaginábamos. Siempre se ha tendido a considerar a la tecnología como aquello que nos iba a facilitar la vida ayudando a eliminar o minimizar el esfuerzo que teníamos que realizar en nuestra vida diaria. Bien, puede que esto haya sido así hasta el momento; pero ya no se trata de eliminar meramente el esfuerzo físico sino de incrementar el esfuerzo mental, de crear situaciones de aprendizaje en las que se fuerce el desarrollo de diversos procesos cognitivos.

Y esto debe empezar por los propios docentes. Internet proporciona ocasiones múltiples para conocer experiencias e intercambiar información al respecto de la educación (de cualquier ámbito de la actividad humana, por supuesto). Podemos conocer las innovaciones que se han llevado a cabo en otros centros, ver qué pueden aportar al nuestro, compartir nuestras ideas y exclamar sobre nuestras dudas pidiendo ayuda, y virtualmente obteniéndola. Todo esto desde un ordenador conectado a internet como el que existe en todos los centros educativos en este momento. Aun así, hay quien se niega a ver esto; aduce cuestiones relacionadas con la preparación de las clases, la ignorancia propia sobre la informática, lo poco útil que resulta cualquier cosa con fulanito o menganito… o en el peor de los casos dice eso de esto es para los “listos”, los tontos llegamos con lo de siempre más lejos. En la biografía de Jobs comentada anteriormente aparece el caso de Michael Noer, escritor de Forbes, que se llevó su iPad a Colombia, y allí un niño iletrado y marginal lo cogió y de inmediato puso en marcha aplicaciones, juegos etc. Este ejemplo abrirá mucho los ojos sobre las posibilidades de un aparatito de estos, pero debería sobre todo abrirnos los ojos sobre las posibilidades que tiene una mente sin tabús en la que no sea preponderante un pensamiento práctico (aquello del ‘hago lo que funciona, porque si innovo arriesgo y a lo mejor tengo que trabajar más’)

Las tecnologías existentes facilitan a los equipos directivos y de gestión de las titularidades una enorme cantidad de herramientas que permiten coordinar, compartir, optimizar, planificar, distribuir, publicar… todas aquellas acciones que se llevan a cabo en los centros educativos. De igual manera que ya no es necesario viajar a Barcelona para entrevistarse con una persona, ahora no tiene porqué ser necesario el crear equipos de trabajo sólo dentro de una misma localidad; se pueden desarrollar actividades que fomenten el trabajo cooperativo entre docentes e instituciones sin que ello implique el traslado físico de los participantes. Las herramientas de gestión han acompañado desde principios de los ochenta a todas las empresas e instituciones. Ahora, llevan más de 20 años también en la gestión de los centros de enseñanza y tienen más que demostrada su validez en el entorno de trabajo, a lo mejor también es posible que los podamos incorporar de una forma más creativa dentro de las aulas. Si el equipo directivo lo percibe y lo apoya, será solo cuestión de tiempo que el claustro lo acepte y lo termine por incorporar a su día a día.

La evaluación, en su parte más mecánica se beneficia sin lugar a dudas de las tecnologías existentes. Desde las plataformas educativas existentes con sus bases de datos, hojas de Excel, evaluación colaborativa a través de Google Docs  … se pueden crear modelos que permitan ser estudiados detenidamente y comprobar de todas las formas que se desee la validez de las nuevas formas de enseñanza/aprendizaje. Se pueden utilizar estos nuevos medios de evaluación entre pares para enriquecer nuevos modelos de pensamiento y para potenciar el esfuerzo que desarrollen. Ya ha salido en varias ocasiones la palabra esfuerzo, y aunque se merece capítulo aparte, no quisiera dejar pasar la ocasión para expresar que creo en el esfuerzo no sólo como empeño en la adquisición de unos conocimientos, sino también como empeño en la creación de aquello que contribuya al aprendizaje propio y de los pares. De igual manera que no deberíamos decir que el que sabe muchas matemáticas es inteligente mientras que al que se le da bien la música es talentoso (véase la Teoría de las Inteligencias Múltiples de Gardner), no deberíamos asignar el valor del esfuerzo sólo a aquello que conlleva la potenciación del pensamiento práctico y de los procesos cognitivos relacionados con la memoria.

El compromiso político es sin lugar a dudas aquello que más se nos escapa de las manos, puesto que la mayoría ni somos políticos ni desempeñamos cargos políticos. Pero parece que existen los suficientes cauces, y a veces el necesario interés como para aportar nuestro granito de arena al compromiso político. Cuando se apuesta por seguir con modelos como el de Escuela 2.0 en medio de la crisis en la que estamos, algo quiere decir. La tecnología requiere una inversión económica tremenda en las aulas, y a menos que los docentes, los alumnos y las familias, traduzcamos esta inversión en resultados, no podremos ver que un compromiso político con las tecnologías en la educación alcance el vigor necesario. Me consta que hay muy buenas experiencias que se están desarrollando al respecto en los últimos años; quizás por eso se siga apostando por dicho programa.

Sin embargo, me gustaría remarcar lo que una vez comentó Alfredo Hernando, director de Educadores: “la unidad del cambio en educación no puede ser el aula, tiene que ser el centro educativo”. De nada nos valdrían experiencias muy válidas en su contexto de aula, si no traspasan las puertas de la misma y llegan al resto de compañeros alumnos y compañeros docentes.

Se avecinan tiempos muy interesantes a nivel tecnológico-educativo en mi entorno más cercano; pero mi reto no será como funcionar con esas tecnologías, sino como hacer que mis alumnos aprendan más y mejor, cualesquiera que sean las herramientas que tengan delante ellos, y sus profesores. La formación del profesorado en el uso de las mismas, pero también en las nuevas posibilidades tecnológicas que ofrecen será imprescindible.

Estimado señor Jobs que esté en los cielos, creo que en esta le llevaré la contraria, aunque ciertamente con matices: creo que las tecnologías sí cambiarán la enseñanza, pero siempre y cuando cambien a las personas implicadas en los procesos que se desarrollan en un centro educativo. Si no cambia la mente, si no vemos la belleza de lo que estamos haciendo, si no simplificamos lo suficiente como para profundizar en nuestra labor, las tecnologías no serán más que otra moda pasajera.

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